Conectar para acompañar mejor

El otro día lanzaba una encuesta preguntándoos cómo vivíais de pequeñxs la vuelta al cole.
La mayoría me contestasteis que solíais conectar con la tristeza y creo que yo también sentía algo parecido.
La respuesta no me sorprendió para nada y también pensé… qué pena que el colegio sea un sitio al que dé pena volver, ¿verdad?
Sé que en algunos casos no es así, pero hay tanto trabajo por hacer y tantos cambios que realizar… que prefiero dejar este melón para otro post. 😅
Al hilo de esto, hoy quería hablar de la importancia de la conexión con nuestrxs niñxs y alumnxs, sobre todo en estos inicios de curso, que pueden ser momentos especialmente sensibles.
Es verdad que hace mucho que fuimos niñxs. Seguramente habrá cosas que no se hayan borrado y otras, en cambio, de las que no quede ni rastro.
Pero quizá recordar cómo nos sentíamos entonces pueda ayudarnos a conectar con lo que ellxs pueden estar sintiendo ahora.
Puede que para ti sea una cosa y para ellxs sea otra completamente diferente.
Y ahí es donde creo que está la importancia de la conexión: recordar que también estuvimos ahí.
Y cuando echamos la mirada atrás, nos damos cuenta de que muchas de las cosas que se viven durante la infancia no nos son tan ajenas: los nervios, la ilusión, los miedos, las ganas de pertenecer, la tristeza, la necesidad de sentirnos acompañadxs…
Simplemente acercándonos desde la mirada del niñx que fuimos y que, en parte, todavía somos.
Desde una mirada curiosa, abierta y sin tantas respuestas. Una mirada que observa, que se pregunta y que intenta comprender qué puede estar viviendo ese niñx o alumnx que tenemos delante.
Y entonces algo se relaja dentro y sentimos…
“Ahhhh… ya entiendo. Esto ya lo he vivido o lo he visto antes…”
Y desde ahí ocurre la magia de acompañar.
Y aquí creo que es importante utilizar esa conexión para acercarnos desde otro lugar, sin agobiar, sin dar por hecho lo que sienten y sin intentar paliar en ellxs todo aquello que quizá nos faltó a nosotrxs.
Porque conectar con la niña o el niño que fuimos no significa querer evitarles todo lo que nos hizo daño, ni darles aquello que nos hubiera gustado recibir.
Se trata de acercarnos desde una mirada curiosa, de observar, escuchar y acompañar lo que ellxs necesiten, sin que nuestra propia historia marque el camino que tienen que recorrer.
Y aquí también ocurre algo fundamental que también deberíamos atender: nuestro propio acompañamiento.
¿Qué te parece si mientras acompañamos a la infancia también nos dejamos un espacio para acompañarnos a nosotrxs mismxs, para cuidarnos y escucharnos y así poder educar de una manera mucho más coherente y con más sentido?
Porque ser adulta y funcional no es nada fácil (una trampa, diría yo… jajaja).
Y en esta odisea que es hoy en día acompañar a la infancia, quizá también necesitemos recordar que nosotrxs también necesitamos ser acompañadxs.
Y con esto no se trata de sentir presión. No se trata de ser la madre, el padre o el educador perfecto.
Se trata de darnos cuenta de que nuestro propio cuidado cuenta.
Que tomarse ese tiempo, esa cena, ese paseo, esa charla, esa clase, ese no hacer nada… también es una forma de cuidarnos.
Y quizá, una de las mejores cosas que podemos ofrecer(nos).
Y ahora te pregunto:
¿Qué vamos a hacer para cuidarnos y acompañarnos en este inicio de curso?
Porque acompañar también necesita de tiempo, espacio y cuidado.
Y quizá tú también necesites un lugar donde poder parar, ordenar lo que está pasando, poner palabras a lo que te preocupa y buscar herramientas para afrontar tus retos educativos.
Te deseo un inicio de curso lleno de conexión y cuidado. 🌿
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