Un agosto para PARAR y OBSERVAR

A quienes elegimos el camino de educar.
Puede que este agosto hayas podido irte de vacaciones o puede que no.
Y eso no te da más ni menos valor. Es cuestión de circunstancias y, sobre todo de privilegio.
Pero hay algo que me gustaría proponerte este verano.
Hay un pensamiento colectivo, alimentado también por las redes sociales, que parece decirnos que en verano todo debería ser más fácil: más alegría, más planes, más disfrute, más momentos en familia…
Parece que el verano está exento de conflictos, problemas y dificultades.
¿Te suena de algo?
Si te soy sincera, creo que nos han vendido un poco la moto.
Y no quiero que lo tomes como algo negativo, sino como algo esclarecedor. Te cuento por qué.
Si tienes el privilegio de tomarte un descanso este agosto, te diría que lo utilices para bajar el ritmo, parar y observar.
Durante el curso, sobre todo quienes trabajamos en educación y también las familias, muchas veces andamos como pollos sin cabeza: cansados, corriendo de un lado para otro y con la paciencia más bien justita. Especialmente en esos picos de estrés antes de las vacaciones.
Y esto también les pasa a nuestros hijos e hijas y a nuestrxs alumnxs. Porque, aunque podamos saber gestionar mejor determinadas circunstancias, eso no quita que el cansancio y el estrés estén presentes.
Por eso, quizá este verano podamos hacer algo que necesitamos todxs en esta locura de quehaceres, notificaciones, deberes, extraescolares, reuniones, clases, programaciones, informes…
PARAR.
Parar para tomar distancia, para resetear y para volver a encontrarnos.
Y desde ese parar, poder hacer las cosas de otra manera: contemplar la naturaleza, disfrutar de una siesta, inventar juegos, ir al cine al aire libre, montar en bicicleta, tener largas charletas, comer al aire libre o, simplemente, aburrirseeeee…
Hacer las cosas desde otro ritmo. Desde un ritmo más slow.
Soy muy fan de este movimiento y otro día profundizaré más en él.
Porque quizá disfrutar del verano tenga más que ver con parar y hacer las cosas a un ritmo más lento que con andar de aquí para allá, estresados y haciendo planes todo el rato, como muchas veces hacemos durante el curso.
Perdamos el miedo a parar.
Parar para encontrarnos otra vez desde otro lugar. No llenar agosto de planes, sino todo lo contrario: utilizarlo para soltar, vaciarnos y conectar con el momento desde el placer.
Porque, vamos a ver…
¿También las vacaciones van a ser un checklist?
¿Tenemos que competir entre nosotrxs para ver quién es más guay porque se ha ido aquí o allá?
¿De verdad necesitamos llenar cada día de planes para sentir que estamos disfrutando?
Creo que parar tiene también un lado terapéutico y reflexivo.
Cuando bajamos el ritmo y dejamos de estar constantemente ocupados, tenemos la oportunidad de recolocar todo lo vivido durante el curso, tomar distancia y dejar espacio para que aparezcan nuevas soluciones, nuevas ideas y nuevas maneras de hacer las cosas.
Y aquí aparece la otra cara de la moneda.
Porque, entre esas cosas que teníamos pendientes, puede que aparezcan algunas que no nos resulten agradables pero que sean sumamente necesarias.
Puede aparecer algún conflicto con mi hijo o hija que durante el curso he ido evitando por determinadas circunstancias, alguna conversación incómoda sobre la manera de educar, dinámicas que ya no encajan con determinados valores familiares, etc.
Y si eres docente o educadorx, quizá aparezcan también algunas relaciones en tu entorno escolar que dejaste pendientes, alguna situación que no supiste cómo gestionar o alguna emoción que has ido guardando durante el curso.
Porque también educamos desde lo que somos, desde cómo nos sentimos y desde cómo gestionamos aquello que nos pasa.
Y quizá parar nos permita mirar todo eso con un poco más de distancia.
Porque lo que no se atiende, vuelve a salir.
¿Te suena?
Y quizá precisamente por eso necesitamos parar: para atender, observar y realizar los cambios que sean necesarios para iniciar el nuevo curso con más herramientas, más presencia y una autoridad renovada.
Y si al parar te has dado cuenta de que hay algo que quieres cambiar, mejorar o entender mejor en tu relación con tus hijos, con tus alumnos, con tu equipo o contigo mismx, no tienes por qué hacerlo sola.
A veces necesitamos simplemente otra mirada, alguien que nos acompañe y nos ayude a encontrar nuevas herramientas para aquello que se nos está haciendo difícil.
Este verano también puede ser un buen momento para empezar.
Si sientes que es vuestro momento, escríbeme y hablamos.
Porque no se trata de ser mejores padres, mejores docentes ni de hacerlo todo bien.
Se trata de entendernos mejor, acompañarnos mejor y disfrutar más del camino.
Entonces, ¿qué elegimos?
¿Seguir andando como pollos sin cabeza o parar y empezar a poner atención a lo que hay?
A lo que necesita ser atendido.
Te deseo un agosto slow y clarificador.
EN VERANO SEGUIMOS EDUCANDO.
¿Quieres empezar tu cambio?
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